La leptospirosis es una de las enfermedades infecciosas más importantes en medicina veterinaria por dos motivos. El primero es que puede provocar daños graves en órganos como el riñón y el hígado, llegando a comprometer la vida del animal. El segundo es que se trata de una zoonosis, es decir, una enfermedad que puede transmitirse de los animales a las personas.
Aunque existen vacunas frente a la bacteria y medidas eficaces para reducir el riesgo de contagio, cada año se siguen diagnosticando casos en perros de todas las edades. En muchos de ellos, el problema es que los primeros síntomas son poco específicos y pueden confundirse con otras enfermedades.
Reconocer las señales de alerta y acudir rápidamente al veterinario puede marcar la diferencia entre una recuperación completa y la aparición de complicaciones graves.
¿Qué es la leptospirosis?
La leptospirosis es una enfermedad causada por bacterias del género Leptospira. Existen numerosos serovares (“clases de bacterias”) capaces de infectar a diferentes especies animales, incluidos perros, ganado, fauna silvestre y seres humanos.
Estas bacterias sobreviven especialmente bien en ambientes húmedos y pueden permanecer viables durante semanas en agua estancada, barro o suelos con elevada humedad.
Cuando un perro entra en contacto con agua o superficies contaminadas, la bacteria puede penetrar en el organismo a través de pequeñas heridas en la piel o de las mucosas de la boca, nariz y ojos.
Una vez dentro del organismo, las leptospiras se diseminan por el torrente sanguíneo y pueden afectar a distintos órganos, siendo el riñón y el hígado los más frecuentemente dañados.
¿Cómo se contagia la leptospirosis en perros?
La principal fuente de infección es la orina de animales infectados, especialmente de roedores, que actúan como importantes reservorios de la enfermedad.

Un perro puede contagiarse al:
- Beber agua contaminada.
- Caminar por charcos o zonas inundadas.
- Nadar en ríos, lagunas o estanques contaminados.
- Tener contacto con barro donde haya orina infectada.
- Entrar en contacto con animales portadores.
El riesgo aumenta especialmente durante épocas de lluvias, inundaciones o en zonas rurales donde existe una mayor presencia de fauna silvestre.
No obstante, vivir en una ciudad no elimina el riesgo. Las ratas urbanas también pueden actuar de reservorio y eliminar leptospiras en la orina y contaminar parques, jardines o zonas húmedas.
¿Cuáles son los síntomas de la leptospirosis?
Uno de los principales problemas de esta enfermedad es que sus síntomas iniciales pueden ser muy inespecíficos.
En las primeras fases es habitual observar:
- Fiebre.
- Decaimiento.
- Falta de apetito.
- Vómitos.
- Diarrea.
- Dolor muscular.
- Rigidez al caminar.
A medida que la infección progresa pueden aparecer signos mucho más graves, como:
- Sed excesiva.
- Aumento o disminución de la cantidad de orina.
- Deshidratación.
- Ictericia (color amarillento de mucosas y piel).
- Hemorragias.
- Dificultad respiratoria.
- Alteraciones neurológicas en algunos casos.
Cuando la bacteria produce una lesión importante en los riñones o el hígado, el estado general del perro puede deteriorarse rápidamente y requerir ingreso hospitalario. En ocasiones los animales infectados no superan la enfermedad y pueden llegar a fallecer.
¿Por qué puede ser una enfermedad tan grave?
La gravedad depende de varios factores, entre ellos el serovar implicado, el estado inmunitario del animal y la rapidez con la que se instaure el tratamiento.
Las complicaciones más frecuentes incluyen:
- Insuficiencia renal aguda.
- Hepatitis grave.
- Alteraciones de la coagulación.
- Daño pulmonar.
- Fallo multiorgánico.
En medicina veterinaria, el tiempo es un factor determinante. Cuanto antes se diagnostique la enfermedad, mayores serán las probabilidades de recuperación y menor el riesgo de secuelas permanentes.
¿Cómo se diagnostica la leptospirosis?
No existe un único síntoma que permita confirmar la enfermedad.
El diagnóstico combina diferentes herramientas:
- La exploración clínica permite detectar signos compatibles con una enfermedad sistémica.
- Las analíticas sanguíneas suelen mostrar alteraciones compatibles con daño renal, hepático o inflamación generalizada.
- También pueden realizarse análisis de orina y pruebas específicas como PCR o serología para detectar la presencia de la bacteria o la respuesta inmunitaria del organismo.
La interpretación de estas pruebas debe realizarse siempre teniendo en cuenta la historia clínica del paciente y su estado general.
¿En qué consiste el tratamiento?
La leptospirosis requiere un tratamiento intensivo y adaptado a cada paciente.
Los antibióticos son fundamentales para eliminar la infección, pero rara vez son el único tratamiento necesario.
Muchos perros necesitan además:
- Fluidoterapia intravenosa.
- Control de las alteraciones electrolíticas.
- Medicación para controlar vómitos y dolor.
- Protección hepática cuando existe afectación del hígado.
- Monitorización constante de la función renal.
En los pacientes con afectación grave, la hospitalización permite administrar tratamiento continuo, controlar la evolución mediante analíticas seriadas y actuar rápidamente si aparecen complicaciones.
Precisamente por ello, acudir a un hospital veterinario con capacidad de hospitalización resulta especialmente importante cuando existe sospecha de leptospirosis grave.
Lo que vemos habitualmente en un hospital veterinario
Una situación relativamente frecuente es que los propietarios consulten pensando que su perro simplemente «ha cogido un virus» porque lleva uno o dos días sin comer, está más apagado o ha vomitado un par de veces.
Sin embargo, en algunos de estos pacientes las analíticas revelan una afectación renal o hepática importante compatible con enfermedades infecciosas como la leptospirosis.
Esta es una de las razones por las que nunca conviene esperar varios días cuando un perro presenta fiebre, apatía intensa o deja de beber y comer. Cuanto antes pueda evaluarse clínicamente y realizar las pruebas necesarias, mayores serán las opciones de instaurar el tratamiento antes de que aparezcan lesiones irreversibles.
¿Se puede prevenir?
Sí. La prevención combina varias medidas.
La vacunación continúa siendo la herramienta más eficaz frente a los serovares incluidos en las vacunas actuales. Aunque no protege frente al cien por cien de las variantes existentes, reduce significativamente el riesgo de enfermedad grave.
Además de la vacunación, también es recomendable:
- Evitar que el perro beba agua de charcos o zonas estancadas.
- Reducir el contacto con áreas inundadas cuando sea posible.
- Mantener un buen control de roedores.
- Evitar acumulaciones de basura que puedan atraer fauna portadora.
- Acudir a revisiones veterinarias periódicas.
Si el perro vive en una zona de riesgo o realiza actividades frecuentes en el campo, el veterinario podrá valorar el protocolo vacunal más adecuado según su estilo de vida.
Una enfermedad que también puede afectar a las personas
La leptospirosis es una zoonosis, por lo que determinadas personas pueden infectarse al entrar en contacto con la orina de animales enfermos o con agua contaminada.
Por este motivo, cuando se diagnostica un caso de leptospirosis en un perro es importante seguir cuidadosamente las recomendaciones del veterinario sobre higiene y manipulación del animal durante el tratamiento.
El uso de guantes, una correcta desinfección de las superficies y un adecuado lavado de manos ayudan a minimizar el riesgo de transmisión.
La importancia de actuar a tiempo
La leptospirosis es una enfermedad potencialmente grave, pero un diagnóstico precoz y un tratamiento intensivo pueden mejorar considerablemente el pronóstico.
Ante síntomas como fiebre, apatía, vómitos persistentes, ictericia o alteraciones en la cantidad de orina, es recomendable acudir cuanto antes a un veterinario para realizar una valoración completa.
En un hospital veterinario, la disponibilidad de pruebas diagnósticas, monitorización continua y hospitalización permite ofrecer el soporte necesario a los pacientes que presentan las formas más graves de esta enfermedad.
Preguntas frecuentes
¿La leptospirosis en perros se contagia a las personas?
Sí. Es una enfermedad zoonótica. Aunque el riesgo puede minimizarse siguiendo las medidas de higiene recomendadas por el veterinario, es importante manipular con precaución la orina y las secreciones de un perro diagnosticado de leptospirosis.
¿Un perro vacunado puede contraer leptospirosis?
La vacunación reduce de forma muy importante el riesgo de enfermedad grave, pero no ofrece protección absoluta frente a todos los serovares de Leptospira. Aun así, sigue siendo la principal medida preventiva.
¿Cuánto tarda en recuperarse un perro con leptospirosis?
Depende de la gravedad del caso y del grado de afectación renal o hepática. Algunos perros responden bien tras varios días de tratamiento, mientras que otros pueden necesitar hospitalización prolongada y controles posteriores.
¿Qué perros tienen mayor riesgo de padecer leptospirosis?
Los que viven o pasean con frecuencia por zonas húmedas, rurales o con presencia de roedores, así como aquellos que tienen acceso a charcos, ríos o aguas estancadas. No obstante, también pueden aparecer casos en entornos urbanos.
